Mientras llueve
Mientras llueve el tiempo no detiene su carrera
aunque el cielo cante a coro de mil gotas limpias
el oratorio profano del cielo guinda
preñando a la tierra amorosa que le espera.
Cuando caen las primeras gotas de platino
el suelo desnudo se persigna y se complace
gustan de observar por las ventanas los amantes
el apareamiento de la carne con su espíritu.
Y mientras yaces insomne atenta escuchas
el crepitar de mil seres que pacen ansiosos
a tu lado observo tu desnudez limpia y púrpura
Fluorescencias brotan de tu pubis delicioso
de nube gris eléctrica visto mi locura
lluevo sobre ti tierra fértil de mis antojos.
Agustín Morales Carvalho
México
error de la vida
Antes de despedirme te diría miles de cosas, te contaría tantas historias que no cabrían en tu maleta, te haría soñar como ninguna noche te ha hecho soñar, pero hoy sólo soy una persona mas una como cualquier otra.
Hoy podría tratar de hacerte vivir, podría fingir que mañana es posible y que sin duda tu cara volverá a sonreírme cuando más lo necesite...
Se que no podría pedirte que dejaras de pensar que en este momento hay miles de cosas delante de lo que para mi es realmente importante para la vida, pero ya que no puedo hacerlo quisiera al menos darte a conocer que quise intentarlo, pero jamás hallé la forma de poder acercarme y hacerlo siendo simplemente yo.
Algo en mí me despista, me encierra en una nube de aliento y agitación que mis venas no pueden soportar, ya corres por ellas… y es este vértice de peligro que desconcierta mis sentidos y me deja desnudo en cuerpo y alma.
El tiempo, me sobra, me lo bebo a sorbos largos mientras tú me dices que no hay tiempo que perder, la vida la disfruto, o al menos intento hacerlo, mientras tu piensas que valen mas los logros que alcances que el como te sientas contigo mismo y yo me sigo perdiendo en las palabras nunca dichas, me aferro a las luces fundidas de la habitación y la cama cada vez es más grande inundada de mi presencia y de tu recuerdo.
He querido empaparme en ti y nunca me lo has impedido, en el más feliz de los encuentros somos solos tu y yo sin que el mundo nos importe, pero luego ansioso, muerto de miedo, con tu sabor en la boca y con ganas de volver a verte otra vez… despierto, dándome cuenta de que solo era un sueño… y no se si para mi dicha o mi desdicha, sucede a diario. Y es ese mi dulce tormento nocturno, que se acaba de manera abrupta cuando al día siguiente me doy cuenta que es igual que siempre, tal vez jamás debió haber sido de otra manera, seria lo mejor al menos para mi.
Nunca me he alargado hasta el infinito, no lo conozco, conozco los límites, las parálisis, las depreciaciones...El infinito, precisamente, no lo conozco, no de esta manera. Habrá que arriesgarse.